| Foto cortesía de Peru21.pe |
Escrito
por Renzo Rostaing (@renzo_r5)
Pasan los días, los meses y
los años. También pasan los técnicos y las jugadoras, pero siempre nos vamos a
formular la misma pregunta con respecto a una nueva generación de “matadoras”.
Después de las Olimpiadas de Seúl en 1988, no hemos tenido una generación que
sea capaz de volver a acercarnos a lo cima del éxito deportivo.
Aunque fue un plan muy bien
elaborado y que tomó mucho tiempo en realizarse, el resultado fue un grupo que
bajo las ordenes de Man Bok Park demostró que con una buena preparación y
disciplina se podían lograr grandes cosas. Lamentablemente en la final, los
nervios traicionaron al seleccionado nacional y tuvimos que subir al podio a
recoger una agridulce medalla de plata. Ese grupo es bastante
recordado, tan solo mencionar el vóley peruano de esas Olimpiadas, la gente
recita los siguientes nombres: Cecilia Tait, Cenaida Uribe, Gaby Pérez del
Solar y Natalia Málaga.
Tengo que reconocer que mi
afición al vóley es muy reciente, desde que llegue a tierras incaicas empecé a
ver los partidos de la Liga Nacional Superior de Voleibol porque algunos memes decían
que Natalia Málaga era la entrenadora que la selección de fútbol que por el
2012 era dirigida por Markarian, necesitaba el Perú. Fue así como me interese
por el personaje, porque era lo que podíamos ver, como hinchas, como simples
espectadores, hasta ahora no llega la oportunidad de conocer a la persona.
Varias notas de prensa
televisiva destacan lo que vemos en los tiempos técnicos, los gritos, las
llamadas de atención con palabras fuertes y criollas, la reacción de sus
jugadoras frente a la que parece la madre de Carlos Alcántara en Asu Mare. Ha sido
tal el impacto que ha causado el estilo de Natalia que comicos de renombre se
han aventurado a parodiarla, cosa que a la entrenadora de la Universidad Cesar
Vallejo no le ha disgustado hasta el momento. Mucha gente sigue los partidos de
la LNSV para escuchar sus reclamos y su “francés” fluido. Pero no es por eso que yo
creo en ella, tal vez la gente piense que un buen llamado de atención sea
suficiente para mantener la concentración en un momento clave y solo se quedan
con eso, con el estilo, no van más allá. Particularmente creo que hay mucho más
que un llamado de atención. Más allá de los ajos y cebollas, hay motivos para
creer en Natalia.
Yo creo en Natalia Málaga
porque a las matadorcitas siempre les dice en sus reclamos “están representando
a un país”, que es otra forma de decir tienen que dejarlo todo porque esto no
es un partido sin importancia. Porque ese reclamo significa que tenemos que
pelear y demostrar que queremos ganar y que nos conformamos con la derrota.
Creemos en ti Natalia,
porque nos contagias algo que posiblemente muchos deportistas adolezcan, vergüenza
deportiva, esa que te dice que tienes que emplearte a fondo y jugar al 100% de
tus capacidades para mostrarle al rival que lo respetas y que además nos hace
canalizar nuestra energía hacia la victoria. Esa misma vergüenza deportiva que
le exiges a cada una de tus jugadoras, sin importar su edad o nacionalidad.
Todo un país cree en ti
Natalia, porque tú conoces a tus jugadoras, porque tú sabes de primera mano cómo
la disciplina nos puso en lo más alto, porqué tú vives el partido con
intensidad, porque sabemos que te duelen los puntos perdidos y los puntos en
contra, porque tú nos has llenado de esperanza en los torneos juveniles de vóley
internacional y porque la madurez de esa camada de las matadorcitas, la experiencia
de jugadoras que vienen de procesos anteriores y todos en el mundo del vóley
peruano te respetan. Todos están de acuerdo que tú en algún momento tendrás que
asumir el mando de la selección mayor, pero mientras tanto moldea jugadoras, lánzalas
al ruedo, ayúdalas a crecer, desahuevalas y recuérdales siempre que sobre su
pecho llevan una bandera por la cual deben dejarlo todo.
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